miércoles, 9 de septiembre de 2009

Leo (1)

¿A que estúpido que no fuese yo se le ocurriría trabajar para Sergio? Creí que, teniendo en cuenta que es mi amigo desde la infancia, me daría un horario flexible, un uniforme chulo, batidos gratis y un par de cañitas vedadas a los menores de edad. Además así ahorraba para comprarme un bajo y un equipo de sonido que no se cayese a pedazos por ser del prehistoceno. De haber sabido el resultado de mi brillante idea, hubiese preferido trabajar para Hitler.

Descuenta de mi sueldo cada cosa que rompo o estropeo, lo que tratándose de mi, ocurre casi cada día y encima no me hace ningún descuento. Cuenta cada bebida, cada pequeño detalle para asegurarse de que no ha pasado por mis manos o por mis dientes. Me esta empezando a cabrear. Dice que su deber es ser responsable, que el bar es de su padre, que ha confiado en el para semejante cargo y no puede decepcionarle.. ¡Y una mierda! Sergio no ha sido responsable en su vida. No sabe lo que es sufrir, aunque a veces me pregunto si sabe lo que es una alegría real. Le encanta sentirse superior, incluso por encima de sus propios amigos. Por eso dirige un bar, porque decide quien pasa y quien no, que se sirve, quien lo sirve... pero él no hace nada de nada, se sienta rodeado de chicas y mira su reino. O mejor dicho, mira a la puerta, donde un enorme gorila con cara de pocos amigos impide la entrada a Marianna, que por cierto, se ha pasado unas tres o cuatro horas preparándose, por orden expresa.

De todas maneras, da igual, cada mes gano una cantidad relativamente pequeña pero que va siendo de alguna utilidad. Mientras pueda componer y tenga algún día libre de deberes u otras obligaciones para ir a ver a Paula será todo perfecto. Porque Paula es... es especial.

No hay comentarios:

Publicar un comentario