Las estrellas son pequeñas luces que brillan sobre una brillante tela oscura. Si las miras durante mucho tiempo, parece que te guiñan el ojo, cómplices de la cara de bobo que pones. Hace muchos días que no veo una sola estrella. Antes me encantaba mirarlas con Leo mientras competíamos, contando todas las brillantes lucecitas que nos gesticulaban orgullosas de sí mismas. A él le veo todos los días, pero desde hace semanas que no puedo compartir un momento así. Sergio conducía, pero a él no le pasó nada. Yo no llevaba cinturón, por lo que mi justo castigo fue dejar de sentir las piernas poco a poco. Marianna se había metido en otro lío. Sólo queríamos sacarla de allí cuanto antes.
No entiendo muy bien que mal he podido hacer para estar así, tirada en una cama mientras veo cómo la persona que mas quiero se marchita conmigo por mucho que intente disimularlo. Me canta canciones hasta que la enfermera le echa de aquí. Por un lado no quiero que le eche nunca... por otro prefiero que siga su vida lo mas lejos posible de mí. Quiero sentir las piernas otra vez, quiero andar en bicicleta, quiero correr, quiero caminar al insti todos los días, encontrarme con Leo en la esquina, con Alex debajo del puente, con Sergio y Marianna en la arboleda... Me han dicho que no podrá ser, al menos de momento. Silla de ruedas, lógica condena. Leo dice que la podemos tunear para que corra mas que el coche de Sergio y darle una lección en su orgullo. Intenta animar a quien ya esta inanimada. No soy la misma... y creo que nunca lo seré.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada